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El 11 de marzo, la mañana en que Daniel Pérez comenzara su juicio por asesinato de primer grado, la corte de Wyandotte estaba fria y en silencio. Los fiscales llevaron en un carrito los gruesos archivos con las declaraciones policiales y cajas de evidencias selladas en sobres oficiales.
La familia Guzmán, sentada en la primera fila de la galería vacía. Pérez parecía un niño a quién han llamdo a la oficina del director en la escuela. Llevaba una camisa blanca limpia, pantalones blancos y una expresión vacía en su cara. El muchacho de 17 años, que estaba siendo juzgado como adulto, ocasionalmente escribía notas en un anotador amarillo mientras González testificaba en su contra.
A cambio de testificar en contra de sus amigos, González había aceptado la oferta de declararse culpable de asesinato en primer grado y recibir sentencia de la corte juvenil; podría recibir sentencia de hasta 7 años en detención. Durante la declaración los huesos de su clavícula sobresalían del uniforme azul de detenido, y los fiscales tuvieron que recordarle que hable alto para ser entendido. Él respondía preguntas con un "yes, sir" (si señor) y "no, sir" (no señor). Inclinó la cabeza y miró a Pérez. Ansiosamente cruzaba y descruzaba sus manos y refregaba su pulgar en sus palmas.
Además del testimonio de González, los fiscales llamaron a Cisneros, que recordó lo que había sucedido en la casa de los Hernández. Cisneros no participó en los planes del ataque y no fue acusado del crimen.
Los fiscales hicieron traducir conversaciones telefónicas grabadas que Pérez hiciera desde la cárcel y leyeron estas traducciones en la corte. El adolecente habló seguido con su madre, discutiendo la evidencia en su contra y demostrando preocupación porque el testimonio en su contra era fuerte. En una conversación el 21 de diciembre, Pérez le dijo a su madre que rezar ya no lo ayudaba.
"¿Eres culpable?" preguntó su madre.
"Pues si" respondió él.
Pérez no testificó, y no respondió a los pedidos de entrevista de The Pitch. Después de tres días de testimonio, le llevó al jurado solo cuatro horas encontrarlo culpable de asesinato en primer grado. La semana pasada Juez John McNally sentenció a Pérez a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por 20 años.
Durante una semana de tormentas, José Franco se sentó en la misma corte fría, enfrentando los mismos cargos. El fiscal Michael Russell, presentó al jurado que Franco era tan culpable como Pérez porque Franco dió la orden y ayudó a planear el ataque.
Franco estaba vestido con un polo y con pantalones caqui. Su pelo negro y largo estaba recogido hacia atrás. No como Pérez, él se veía asustado mientras miraba a la corte con ojos cansados.
Nuevamente González volvió a contar los eventos que llevaron al ataque. Esta vez se veía más ansioso. Movía sus piernas nerviosamente. Miraba más frecuentemente hacia la mesa del defendido. Luego de casi una hora de interrogación del fiscal, González se frotó la cara a punto de llorar. Franco mantuvo la mirada firme hacia adelante.
William Dunn, el abogado de Franco, puso en duda la historia de González. El 19 de julio González le dijo a la policía que había sido Franco quien había ido con ellos cuando pasaron con el carro por la casa antes del drive-by shooting. El 6 de Septiembre había dicho que era Hernández quien lo habí hecho. El abogado Dunn señaló las discrepancias y sugirió al jurado dudar del testimonio de González.
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